sábado, 25 de agosto de 2012

He vuelto para irme

Como todos los veranos, emprendí un interminable viaje hacia Galicia con mis padres. Este año esperaba quedarme aquí, aunque fuera sola, pero las cosas se torcieron estrepitosamente y al final acabé cediendo, pero gracias a Dios que esta vez sólo nos quedamos dos semanas allí. 

Para que os hagáis una idea, de los 14 días, 9 de ellos fueron lluviosos. No tuve oportunidad de hacer muchas fotos, ni siquiera de tomar el aire. Y de todas maneras, increíblemente, no tenía ganas de tocar la cámara. No tenía ganas de leer, ni de escribir, ni de nada. No sé muy bien el motivo, pero este agosto ha sido el menos motivante de mi vida entera. He sentido un vacío como nunca antes lo había sentido. En mi cabeza sólo había espacio para pensamientos negativos, para reflexiones confusas y sin pies ni cabeza. Lo único en lo que he ocupado mi tiempo ha sido en canalizar mis frustraciones y pensar, pensar, pensar. 

Ha sido un viaje personal, creo. Tengo la ligera impresión de que he llegado a descubrir cosas en las que no había pensado con detenimiento, y me he asustado de las conclusiones. Para empezar, creo que nunca jamás me he enamorado de alguien. Nunca. Aún no sé qué narices es el amor, y por qué lo llaman así, y por qué es tan difícil sentirlo. Será que mi corazón es de piedra... Para seguir, no creo que jamás nadie se moleste en amarme. Hay muchas mujeres impresionantes, tanto mental como físicamente, hay demasiadas personas fascinantes y con menos complicaciones cerebrales que yo. Para terminar, no creo que yo sea capaz de amar a alguien, al menos no para siempre. Eso es un problema. Por eso he llegado a la conclusión durante mi estancia en El Pindo de que nunca jamás podré tener la posibilidad ni las ganas de tener una relación, estable o inestable. No hay manera de que eso cambie, lo sé. Y eso me deprime considerablemente, pero no me importa. Creo que la gente escucha "soledad" y se aterra. A mí me parece una fabulosa vida. No voy a mentir: me haría ilusión que alguien apareciera, pero yo soy tan, tan, taaan caprichosa que eso es matemáticamente imposible. Así que sí, así es, he decidido que seré soltera. De aquí al convento. Amén.

Por otro lado he echado muy muy muy en falta a mi Leticia, que está por ahí viviendo experiencias flipantes y maravillosas y yo estoy aquí acordándome de ella. Y también he echado de menos a mi jefasa, la quiero estrujar ya. Y a mi Susu que me soportaba 24 horas del día diciéndole: ¡¡¡quiero volver!!! Y me jode profundamente no haberme despedido de Marja y Ángela, que han aterrizado ya en tierras finlandesas. ¡¡¡Espero que lo paséis divinamente y sea una de las mejores experiencias de vuestras vidas!!! Podría seguir enumerando gente, así que paro. 

En conclusión, este agosto ha sido raro. Creo que no me he sentido más sola en todos los días de mi vida. Por fin ya estoy en casa y puedo empezar a rodearme de mis caras favoritas para que me curen y me alivien.   

Es curioso lo que necesitaba estar sola para darme cuenta de todas estas cosas. Recuerdo un día que estaba lloviendo un poco, chispeando más bien, y me fui a la montaña, desde donde se ve la costa. Todo un espectáculo de la naturaleza esas olas altas, fuertes, grandes, blancas. Me hice un cigarro y me lo fumé. Llovía, pero daba igual. El caso es que me quedé allí durante cuatro horas. Aunque estaba nublado, vi igualmente cómo atardecía, cómo se oscurecía el cielo, cómo se tranquilizaba el agua, cómo se mojaba mi pelo y mis pantalones y mi chaqueta y mi bolso. Qué sensación más increíble. 


Los pelotazos amenizan cualquier viaje. Comprobado. Comimos en un autoservicio, la lasaña estaba increíble.



Buenos días. No hay nada como lavarse enterita después de un pegajosísimo viaje.




Después de fumar me empaché de moras. Qué ricas, Dios mío.



La última semana fuimos a La Toja, donde hay una curiosa iglesia cubierta de conchas. También es conocido por su balneario y su jabón.















Luego visitamos un pueblito encantador, Combarros, lleno de hórreos y de tiendas varias.














































 No pude resistirme a la tentación.


Mi cena de todos los días. Excepto cuando tenía comidas familiares, que era un 99% de las veces.



Bendita cerveza. Con mi hermana, poniéndola al día de mis últimas subnormalidades.


                                       
La jefa estaba presente! Fútbol + Solan de cabras


Las vistas de cada mañana al despertar.



Equipaje preparado para volver a casa.




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