Hoy me rindo. Sólo tengo ganas de coger la puerta y salir, haga frío o calor, esté lloviendo, nevando o granizando, se produzca una lluvia de meteoritos o de fuego. Yo lo único que quiero ahora mismo es correr hasta quedarme sin aliento, llegar a ninguna parte y sentarme. Estar a solas conmigo, fumar un cigarro, dos o quinientos. ¿Cobardía? Qué va. Más bien, desesperación. Necesito algo de auto-control y mucha fe. Tengo la odiosa sensación de que el cerebro me va a estallar. Ya no me caben más pensamientos en él. Ya no...
domingo, 25 de marzo de 2012
martes, 6 de marzo de 2012
Quiero convertirme en humo
Hacía tiempo que no escribía, sólo porque mis pensamientos caminaban en círculos. Ahora por fin comienzan a trazar una línea recta, aunque a veces se tuercen, pero intento con todas mis fuerzas agarrarlos fuerte con las manos y obligarlos a seguir el camino correcto.
Yo creo que todo es problema de la abundancia. Abundan las modelos, abundan los grupos de música, abundan los deportistas, abundan los profesores particulares, abundan los bebés. Abunda todo demasiado. Así no hay oxígeno para todos, pero parece que no importa, que el mundo sigue girando sobre sí mismo sin importar nada más.
La gente suele decir que vida es sinónimo de muerte, por eso de que mientras vives no haces otra cosa que morir cada día un poquito más. Y yo me pongo a reflexionar sobre el sentido de la vida y me agobio. Es decir, la gente colecciona chapitas, trabaja duro todos los días para ganar dinero, se compra un coche, compran el último número de tal o cual revista, compra discos y los almacenan amorosamente en las estanterías ¿Y eso para qué? Todo ese esfuerzo, ese afán de coleccionar cosas... sí, te sirve, claro que sí, pero, ¿por cuánto tiempo? ¿Tiene sentido que todo lo que hagamos, tarde o temprano, desaparezca? Así sin más, todo lo que hemos hecho, dicho, guardado, pensado, a lo largo de nuestras vidas no será más que un vacío que puede que nuestros hijos sientan, pero las siguientes generaciones lo olvidarán, o, es más, ni siquiera llegarán a conocer nuestra existencia. Por eso quiero creer en la teoría de los 21 gramos que todos perdemos al morir...
Si es que, si me pongo a pensar sobre todo este follón, la vida no tiene el menor sentido, definitivamente. Pero un segundo más tarde estoy pensando en lo maravilloso que sería entonces aprovechar el tiempo que se nos da para poder sentirnos vivos, aunque sea a "corto plazo". Es por eso que la idea de desaparecer del mundo me aterra y, al mismo tiempo, me produce una curiosidad insaciable. Querría morir un día y resucitar, y saber si se siente algo o no.
Las ganas de vivir son lo único que sí puede resucitar, pero últimamente... Las fuerzas que creía de regreso a la vida se desvanecen. Y me jode. Lo suficiente para enfadarme conmigo misma, pero no lo necesario para dar lo mejor de mí. No temáis. Siempre nos quedará Robert Smith.
Algunas veces, mientras voy en el coche de copiloto y miro afuera a través de la ventanilla, me da por inventarme (porque no es otra cosa) los problemas de la gente. Vacilo acerca de las paranoias de cada personita andante y adivino cuáles pueden ser sus preocupaciones. La gente limpia los coches. La gente limpia... qué sé yo, las casas, los suelos, la ropa. Pero me pregunto quién limpiará la suciedad que poco a poco se adhiere a los sesos y se queda fijada aparentemente para siempre. Me pregunto qué será de nuestros sesos al morir, el interior de nuestra materia física, el cruce entre lo humano y lo extraterrestre. Todo está en nuestros sesos. Algo tan extraño que sólo funciona por electricidad, y sin embargo no nos electrocutamos. Al menos, no como estamos acostumbrados a ver. No somos más que un intento de una especie mejor.
No creo en los finales felices, simplemente porque no creo en los finales.
jueves, 2 de febrero de 2012
Un paso más
Hoy es de esos días en los que tu cerebro va más rápido de lo que tu mente puede procesar. Las ideas se escapan todo el tiempo, qué fastidio. Me dan ganas de parar el pensamiento por un momento, apuntar las barbaridades que se me pasan por la cabeza llena de electricidad, y darle al play de nuevo. Pero me temo que eso es imposible a día de hoy.
Creo que lo que estoy viviendo es un momento de inflexión en mi vida. ¿Cómo saberlo? Muy fácil. Cuando todo va mucho mejor contigo misma. Ahí está el punto de inflexión, ¿no lo ves? Pues te aseguro yo que sí, que es ese momento.
A veces mientras escribo esto se me escapa una sonrisa minúscula que me provoca risa de lo absurdo de la situación, por lo que sonrió más, y al final terminó enseñándole los dientes al aire y entonces sí que parezco gilipollas. Así estoy ahora mismo.
El momento de inflexión tan ansiado que mi vida necesitaba ha llegado hace poco. No sé exactamente hace cuánto, pero se ha instalado en los últimos días, mientras en mi habitación se concentraba el olor a Red Bull y montañas de ropa aromatizada (esto es, olor a tabaco). Me he dado cuenta porque mi percepción del mundo ha cambiado radicalmente. Para empezar, tengo más fuerza de voluntad, lo cual me preocupaba mucho. No era normal ser una persona tan vaga conmigo misma. Eso se terminó.
También me he dado cuenta de que me importan un comino un montón de cosas que antes tenían una relevancia enorme en mi vida. Ahora es como si hubiera estado bajo los efectos LSD (con la diferencia de que nunca pasó tal cosa) y mis problemas, tan grandes y gigantes, se hubieran desvanecido ... PUM! Ya está. Se fueron más rápido de lo que habían venido. Simplemente porque es imposible que exista una velocidad mayor a la que puedan ir las cosas que la velocidad a la que se fueron mis rayadas paranoicas.
Me inundan buenos pensamientos, me llenan desde las pestañas hasta los dedos de los pies, en mi cuerpo no cabe ningún sentimiento parecido al desagrado o al disgusto. Me vienen a la cabeza las cosas buenas que están por venir y no me queda otra que sentirme muy complacida con la forma en la que la vida me está tratando este invierno. Bendito sea.
Una vez más, reivindico que las cosas hay que provocarlas. Esta muy bien eso que dicen de "no lo busques, porque entonces no lo encontraras". Y un carajo. Qué me cuentas... vale que no es igual de aplicable a todas las cosas (el amor de tu vida es imposible encontrarlo si lo buscas, por ejemplo, y una caja de cerillas no tiene mayor complicación para ser encontrada). Pero está claro que, en general, los objetivos te los marcas tú y tienes que cumplirlos tú. La suerte no se va a encargar de hacer el trabajo sucio por ti, de eso puedes estar seguro. Así que lo que quieras hacer, hazlo. Ni se te ocurra esperar ninguna señal divina porque no llegará. De hecho, nunca llega.
Y aquí estoy, a 11 horas de tener el segundo examen del semestre. Sin haberme duchado, sin haber repasado, sin haber tranquilizado a mis nervios, que últimamente están bastantes tranquilitos, todo hay que decirlo. Escuchando una preciosidad de canción que me eleva el espíritu hasta las mismísimas nubes.
Sólo quiero que las próximas dos semanas se pasen muy, muy rápido, para poder empezar a hacer lo que mis tripas me piden a gritos. El próximo febrero no será como todos los febreros de mi ya más larga vida.
Yo soy la niña de las listas. Para todo hago listas. Me da miedo no acordarme de algo. Y la lista que estoy preparando es descomunalmente grande, pero no infinita... Así que debe hacerse todo. Desde ir a misa evangélica hasta tatuarme.
viernes, 20 de enero de 2012
En el agua
Hoy me siento como en uno de esos días en los que la mierda se te acumula hasta el cuello, pero en realidad no sabes qué clase de mierda es. Me explico: es cuando te sientes mal contigo misma y con el mundo en general, pero no sabes por qué y cuando reflexionas y buscas una causa, te das cuenta de que tal causa no existe y nunca ha existido. Pero estás tan mal...
Hoy es uno de esos días en los que con facilidad pasmosa podría arrancarme las tripas con las manos, desgarrarme por dentro, acabar con mi estado físico. Me gustaría poder romper algo grande y aparatoso, que hiciera mucho, mucho ruido al romperse.
Estos cambios de humor que algunas noches (en las cuales sé con resignación que me toca no dormir) experimento me hacen pararme y preguntarme: "¿acaso es que sigo siendo una tierna adolescente de 15 años?". Y la respuesta que se agolpa en mi pequeño y torturado cerebro es siempre "no". Eso es lo peor de todo. Que cuanto más creces como persona y ente físico, más malos ratos están por venir. Claro que luego se compensan con los buenos, que también cada vez son mejores. Pero qué putada.
Sin problema me enterraría entre las sábanas de mi cama, rápidamente huiría del mundo y del ruido, y, sobre todo, de la realidad y del tiempo.
¿Por qué los cambios grandes/gigantes y hermosos tardan tanto en producirse? ¿Por qué los malos están siempre al acecho? ¿Qué hay que hacer para escapar? Nadie responde. Genial.
Quiero desaparecer esta noche. Quiero convertirme en cualquier otro ser u objeto. Quiero dejar de ser un pestoso ser humano lleno de incertidumbres y miedos. Vivir no es fácil.
Intentado y fallido. Mañana, o quizás pasado, será otro día. Siempre en el agua...
lunes, 9 de enero de 2012
Un día más
Hoy me siento especialmente diferente. Ha sido el primer día de clase después de unos cuantos días sin tener que levantarse temprano, ni quitarse el pijama muerta de frío, ni ponerme los zapatos antes de las 10 y salir de casa.
Pero es que hoy, de verdad que me siento diferente. Agresiva podría atreverme a decir. Agredida, también. El ser humano es lo más chocante que la naturaleza creó. Podemos ser increíblemente bellos, y terriblemente malvados.
El mundo cada vez está peor y cada vez que pienso en ello, me entra un miedo que me paraliza la sangre y me congela la saliva. Esto se está poniendo feo de verdad. No espero vivir una larga vida ni mucho menos. Antes nos autodestruiremos todos juntitos, como necios gilipollas que somos. Pánico. No quiero que ese día llegue, y descubrir que lo que conocíamos como "la civilización" no es más que materia viva mutante que evoluciona hacia la monstruosidad menos humana posible. Nos ha tocado vivir en un mundo que tiene igual número de cosas feas que de bonitas.
Y puede ser que por pensar sobre esta mierda me haya hecho sentirme distinta al resto de días. Porque por otra parte me siento tan llenísima de vida que a veces creo que lo que pienso en negativo se tiene que equilibrar inmediatamente o terminaría por deprimirme de la estupidez que nos rodea a todos. Hoy me he comprado un pendiente que hacía años (6 años, sin ir más lejos) deseaba tener. Hoy me he tomado un café por la calle al estilo americano con Candy, hoy he sentido ese magnífico bienestar cuando te duele la garganta y algo calentito te la recorre de principio a fin, hoy he descubierto nuevas y pequeñas cositas sobre mí misma que no sabía, hoy he estrenado unos botines que me traen loca, hoy mis ojos han chocado con otros, los más bonitos que había visto desde hacía mucho tiempo, hoy he ido a comprar una barrita metálica (para un corto que tenemos que hacer) y me han preguntado si es que esnifo, y he mirado a Candy y hemos dicho sí, lo cual es muy, muy gracioso: jamás me meteré mierda similar, pero me he sorprendido al sentirme cómoda y conforme con la respuesta, hoy he hablado más que de costumbre con mamá, hoy ha sido un buen día.
Miedo y alegría van de la mano. Sólo espero vivir todo lo que tengo pensado.
miércoles, 21 de diciembre de 2011
Preguntas sin respuesta
Me pregunto cómo hacen los bombones por dentro
Me pregunto cómo harán la palomica que sale en las tarjetas de crédito, por detrás
Me pregunto dónde va el tiempo cuando duermes, y por qué parece ir tan despacio, por qué te da tiempo a vivir TANTAS cosas
Me pregunto cómo las ondas en el aire llevan diferentes sonidos al oído
Me pregunto qué tendrá la cerveza en las burbujas
Me pregunto cuándo hemos aprendido a respirar
Me pregunto por qué las uñas ni el pelo duelen cuando los cortas y, sin embargo, son algo vivo porque crece
Me pregunto por qué los tíos tienen nuez y las tías no
Me pregunto por qué no harán esmaltes de uñas más duraderos
Me pregunto qué se sentirá al estar en coma
Me pregunto cuándo evolucionará el ser humano y parará de pestañear
Me pregunto por qué el tabaco tiene que ser cancerígeno
Me pregunto cómo el cuerpo puede aguantar grados bajo cero
Me pregunto por qué estoy aquí y no allí, y por qué soy yo y no otra persona
Me pregunto qué se sentirá al parir, o nacer
Me pregunto cómo me sentaría beberme cuatro, cinco o seis botellas de vino en una mañana
Me pregunto por qué los cangrejos andan de lado
Me pregunto por qué se quedan en la mente los momentos menos importantes
Me pregunto si lo que para mí es azul, verde o rojo, para el resto será el mismo azul, verde o rojo
Me pregunto qué pasaría si lo normal fuera ser anormal
Me pregunto si habrá alguien que se beba el ketchup con pajita
Me pregunto si alguien estará pensando lo mismo que yo, y también estará pensando que yo he pensado que esa persona lo ha pensado
Pero hay cosas que no tienen respuesta. Y aunque la haya, a mí no me convencerá jamás.
Misterios de la vida. Ahí está la magia.
jueves, 8 de diciembre de 2011
Pensamientos suicidas
Estos días pienso mucho acerca del suicidio. Pero no por nada del estilo "oh dios mío, quiero terminar con mi vida, soy tan infeliz, bla bla bla", sino que pienso sobre siucidarse en sí, sobre cómo hacerlo, y las miles de formas que existen. Pienso: oye, me podría morir cortándome las venas. Sí, eso es cierto. Pero creo que antes me moriría del asco de ver todo eso sangrando, rojo, líquido y vomitivo. Antes de matarme me marearía.
Eh, ¿y si pruebas ahorcándote? También es factible, pero justo cuando estuviera colgando, me arrepentiría de tal manera que intentaría salvarme por todos los medios, y como lo más probable es que no lo lograra, finalmente me moriría arrepintiéndome de mi propia estupidez.
Y... ¿qué tal con veneno? Bueno, esa es la opción más "llevadera" para mi cerebro. Es la forma más discretita. Y por eso mismo, no. Ya que te mueres (te matas, mejor dicho), hazlo a lo grande, coño.
Vale. Otra forma más llamativa es tirándote por una ventana. Pero es algo peligroso, no por el que se tira, claro está, sino para los que puedan pasar "accidentalmente" por la zona en ese preciso momento, o por si un niño chico pasa justo en frente y lo traumatizas para toda su vida. No me gustaría cargar con esa culpa aunque fuera en mi otra vida.
Sólo me queda el típico balazo en la cabeza. Para mí, algo imposible, porque no sé cómo narices podría conseguir un arma. Algo difícil, sí. Y queda la posibilidad de que te lo pegues con tan mala suerte que te quedes en estado vegetativo. Qué pasote.
Ahora mismo estoy pensando en más maneras, que sean económicas, fáciles y efectivas. Pero no se me ocurre ninguna. ¿Estrellarte con el coche? Eso es como tirarte de una ventana. No vale. ¿Echando a arder? Eso es como ahorcarte, te arrepentirías conforme encendieras el fuego. ¿Colgando de tu pie una pesada roca y lanzándote a un lago, mar o similar? El agua es lo mismo que el fuego. Arrepentimiento y angustia, y sensación de subnormalidad mientras lo haces.
Conclusión a la que he llegado hoy: jamás me moriré porque me suicide. Soy oficialmente inútil para matarme.
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