Necesito escribir algo porque siento que si no lo suelto voy
a reventar. De verdad.
Resulta que la vida a veces te hace regalos maravillosos,
que pocas veces ocurren. Un día, no sé muy bien cuándo, si soy sincera, una
personita se me acerco a hablar una noche en Granada. Yo ya la conocía, pero no
habíamos cruzado muchas palabras. Pero lo cierto y maravilloso es que empezamos
a conocernos, poquito a poco. El tiempo pasaba, rápido y lento a la vez,
vivíamos nuestros días sin saber de la otra persona en los fines de semana y
sin conocer la mayoría de los detalles de nuestra vida. Simplemente, las
semanas transcurrían y, ya se sabe, una amistad no se construye en un mes o
dos, sino minuto a minuto, durante relativamente mucho tiempo.
Hoy mi homie se me marcha lejos. Mucho más lejos de lo que
me gustaría, pero me da igual la distancia, yo la voy a tener presente cada día
del curso que viene. Voy a echarla de menos a horrores. Voy a entrar en clase y
no va a estar ella para darme un abrazo, para decirme que mi culo está duro,
para contarme lo mucho o lo poco que cenó por la noche, para decirme el nombre
de la canción que descubrió de paranoia. Nada de eso voy a escuchar, pero yo lo
voy a recordar. Voy a recordar su risa y todo lo demás.
Es difícil que personas así lleguen a tu vida y la cambien a
su modo. Es difícil que una persona te aporte felicidad sin reservas ni nada
que se le parezca. Es difícil que una persona pueda confiar al 200% en otra. Es
difícil que se cruzara en mi camino alguien con quien te compenetras de
corazón, alguien con quien surge siempre una armonía casi sobrenatural. Es
difícil que conectes con una persona y que en unos meses no sepas vivir sin
hablar con ella. Es difícil hacerla encontrado. Y más difícil es aún decirle
adiós. Quiero pensar que es un hasta luego, pero no la voy a ver en tanto
tiempo... Quien sabe si mis planes salen adelante y puedo visitarla pronto. No
puedo poner la mano en el fuego aunque claro está que voy a intentarlo con
todas mis fuerzas.
De mí se lleva una fotografía. No es la mejor que tenemos,
pero eso vale. También se lleva un cachito de mí. En verdad, muchos cachitos.
Pero sé que los cuidará como si fueran suyos.
Hoy la he visto por última vez. Las despedidas nunca me han gustado mucho, son tristes y te dan ganas de morirte. Aunque, de todos modos, esta despedida no va a servir para otra cosa que para reafirmar nuestra amistad. Yo pensaba que la despedida
sería algo más tranquila, porque realmente no tenía el cuerpo hecho a que se
iba ya de ya. Pero cuando me ha abrazado para irse, no he podido contenerme. Será
la imagen que recuerde de ella en mucho tiempo, con sus gafas de sol y sus vans
azules. Y sus lágrimas. Que alguien derrame lágrimas por mi es un privilegio y
un regalo.
Gracias por estar a mi lado homie. Gracias. Te quiero mucho, mucho,
mucho.



