Se supone que hoy tendría que estar dándolo todo con mis prácticas, porque ya mismo termina el curso y toda esa mierda. Pero, sinceramente, tenía ganas de escribir un poquito. Hace más de un mes que no me paro a pensar sobre las cosas con detenimiento. Y lo único que he sacado en claro en el rato en que me disponía a escribir es que los cuerpos son hermosos.
Creo que no hay nada más bonito que un cuerpo humano, desnudo, impermeable, templado. No hay forma más hermosa que la de un brazo de hombre, que la de un vientre de mujer. Da lo mismo el color, da lo mismo la cantidad de carne, da lo mismo el pelo, da lo mismo la suavidad. Un cuerpo, humano, mortal, es lo más puro que el ser humano posee.
Particularmente, me gustan los lunares que se forman en la piel, tan redonditos, sobre todo cuando la piel es muy blanca, porque los lunares resaltan de una manera especial. Y me gustan en abundancia, por qué no. Me gustaría tener más lunares.
También tengo fijación por las muñecas y las manos de los hombres. Cuando son esqueléticas, me resultan de una belleza pasmosa. Cuando me rozan, me hacen sentir protegida, y me hacen sentirme, sobre todo, real. Otra de mis debilidades son las piernas de las mujeres, cuya forma puede llegar a ser realmente perfecta. Y entonces pienso: me encantaría tener esas piernas.
Entre mis grandes obsesiones se encuentran las mandíbulas. Si son muy marcadas me resultan muy masculinas y más atractivas aún. Creo que, en general, me gustan los rasgos muy marcados, no sólo de la cara, sino de todo en general. Que se marque mucho la pelvis, que se marquen mucho las muñecas, y así infinitamente.
Pero, sobre todas las cosas, y como mis estadísticas personales demuestran, me atraen visualmente las caras masculinas afeminadas: Bowie, Axl Rose, Michael Pitt, etc, etc, etc. No entiendo todavía muy bien el por qué, pero supongo que cada persona nace con ciertas prioridades en cuanto al físico.
Sea como sea (y sea quien sea), basta ya de mentes puritanas, por favor. Mostrar el cuerpo al natural no es signo de atrevimiento, ni de provocación, ni siquiera de protesta. Es signo de aceptación y sobre todo de comodidad. Es una manera de darnos cuenta que somos solo huesos y carne, nada más. A la mierda las convenciones sociales. Lo malo es que, empezando por mí misma, la vergüenza de mostrarnos como somos está incrustada en nuestra mente como un quiste. A ver si alguien nos lo extirpa.
sábado, 2 de junio de 2012
domingo, 29 de abril de 2012
Réquiem
El otro día iba por la calle y, sin motivo ni razón aparentes, quería llorar porque no podía llorar. No salía una sola lágrima de mis ojos. Por eso puede que quisiera llorar, por ser a veces insensible, antisocial, ausente... porque no podía ser otra cosa que todo aquello que temí ser mientras crecía, en algún momento de mi vida. Andando debajo de la lluvia, convirtiéndome por momentos en una sombra de mí misma, un alma sola, vagando por algún lugar, pensando sobre el por qué de mi existencia. En ese momento necesitaba de tantas personas... Y estaba sola. Los sueños son sólo eso. Sueños. Pero ello no quita que la vida te ofrezca lo que habías soñado.
Y ahí estaba yo, debajo de unos escalones, sintiendo el sonido de los tacones de las chavalitas, cómo era pisoteada por la raza humana, que más que humana es infernal. ¿Será bueno entonces sentirse extraterrestre, sentirse parte de otra civilización? Mi cabeza sentía la vibración de agujas de 15 centímetros. Duelen y taladran la cabeza.
Todo está demasiado visto. Al menos, yo he visto ya demasiadas cosas como para repetirlas. Necesito que caiga algo del cielo y cambie mi agobiante rutina, pero sé con seguridad que nada caerá. Y eso me agobia más aún.
Me encantaría hablar con alguna estrella lejana, preguntarle si este planeta sigue siendo planeta o se ha convertido en una caricatura de sí mismo. Aun recuerdo esos tacones... fusilan mi fe en mí misma, y eso es lo peor que le puede pasar a cualquier ser vivo. Eso me está pasando a mí, que no soy más que un cúmulo de células unidas por espacios vacíos, paradójicamente. La vida, como el cuerpo, no es más que una metáfora. Ojalá volviera a nacer cien años antes. Pero eso es también otro sueño. Y como me despertaré tarde o temprano, prefiero pensar que no soy otro ser humano más, sino que soy especial. Todo el mundo quiere sentirse especial, sentir que no forma parte del resto, que hay algo que lo diferencia radicalmente de los demás. Pero no nos damos cuenta de que vivimos las mismas vidas. Vidas inciertas, inseguras, patéticas, trágicas y... especiales. Todos en el mismo puto sitio. Me niego a ser un ser humano inútil más. Aunque lo soy, y eso me frustra salvajemente y me hace querer pegarle a alguien e insultar, vomitar, escupir. Porque, ¿qué coño haces cuando perteneces a una raza de la que no te sientes miembro? Pues joderte, como de costumbre.
En fin, todo depende del destino. ¿Cómo demostrarlo? Ni puta idea, pero así es. Igual que el karma no existe. Con la mierda que recubre mis neuronas tendría que haber sido muy feliz hace mucho tiempo. Y sinceramente, no lo soy.
Nada que no pueda arreglar una cerveza. Tras otra. Tras otra. Los problemas se convierten en anécdotas. Y eso también les pasa a quien fuma porros o se hincha de Valium. Acción y punto. Ojalá Dios existiera. Porque ya lo estoy necesitando mucho esta tarde, pero no es más que una ilusión podrida por el paso de los años que me repudia y me ignora. Quizás dentro de unos días vuelva a ser persona. De nada me sirve darme pena a mí misma.
Joder, que yo lo que necesito es un señor con dientes de perro y un ojo bien golpeado... Imposible, pero necesario como el aire que mi nariz secuestra ahora mismo.
Mi pregunta realmente es: ¿es normal que la obra de Mozart que más me guste sea lo poco que pudo componer del réquiem? Creo que es una música maravillosa, irrepetible, grandiosamente trágica, descriptiva de lo esporádico de la vida esta asquerosa terrenal mundana que nos ata a mitos inexistentes. Definitivamente, un psicólogo tendría bastante trabajo por delante con mi caso. Y eso me alegra. Sólo puedo pensar en la vulnerabilidad que acosa al ser humano desde que nace hasta que desaparece. Todo esto me produce un sentimiento entre alegría y pena. Si todo es tan bonito como la música de Mozart, entonces es un sentimiento hermoso.
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| Adoración del becerro, del gran Francis Picabia |
domingo, 25 de marzo de 2012
Corre si no puedes volar
Hoy me rindo. Sólo tengo ganas de coger la puerta y salir, haga frío o calor, esté lloviendo, nevando o granizando, se produzca una lluvia de meteoritos o de fuego. Yo lo único que quiero ahora mismo es correr hasta quedarme sin aliento, llegar a ninguna parte y sentarme. Estar a solas conmigo, fumar un cigarro, dos o quinientos. ¿Cobardía? Qué va. Más bien, desesperación. Necesito algo de auto-control y mucha fe. Tengo la odiosa sensación de que el cerebro me va a estallar. Ya no me caben más pensamientos en él. Ya no...
martes, 6 de marzo de 2012
Quiero convertirme en humo
Hacía tiempo que no escribía, sólo porque mis pensamientos caminaban en círculos. Ahora por fin comienzan a trazar una línea recta, aunque a veces se tuercen, pero intento con todas mis fuerzas agarrarlos fuerte con las manos y obligarlos a seguir el camino correcto.
Yo creo que todo es problema de la abundancia. Abundan las modelos, abundan los grupos de música, abundan los deportistas, abundan los profesores particulares, abundan los bebés. Abunda todo demasiado. Así no hay oxígeno para todos, pero parece que no importa, que el mundo sigue girando sobre sí mismo sin importar nada más.
La gente suele decir que vida es sinónimo de muerte, por eso de que mientras vives no haces otra cosa que morir cada día un poquito más. Y yo me pongo a reflexionar sobre el sentido de la vida y me agobio. Es decir, la gente colecciona chapitas, trabaja duro todos los días para ganar dinero, se compra un coche, compran el último número de tal o cual revista, compra discos y los almacenan amorosamente en las estanterías ¿Y eso para qué? Todo ese esfuerzo, ese afán de coleccionar cosas... sí, te sirve, claro que sí, pero, ¿por cuánto tiempo? ¿Tiene sentido que todo lo que hagamos, tarde o temprano, desaparezca? Así sin más, todo lo que hemos hecho, dicho, guardado, pensado, a lo largo de nuestras vidas no será más que un vacío que puede que nuestros hijos sientan, pero las siguientes generaciones lo olvidarán, o, es más, ni siquiera llegarán a conocer nuestra existencia. Por eso quiero creer en la teoría de los 21 gramos que todos perdemos al morir...
Si es que, si me pongo a pensar sobre todo este follón, la vida no tiene el menor sentido, definitivamente. Pero un segundo más tarde estoy pensando en lo maravilloso que sería entonces aprovechar el tiempo que se nos da para poder sentirnos vivos, aunque sea a "corto plazo". Es por eso que la idea de desaparecer del mundo me aterra y, al mismo tiempo, me produce una curiosidad insaciable. Querría morir un día y resucitar, y saber si se siente algo o no.
Las ganas de vivir son lo único que sí puede resucitar, pero últimamente... Las fuerzas que creía de regreso a la vida se desvanecen. Y me jode. Lo suficiente para enfadarme conmigo misma, pero no lo necesario para dar lo mejor de mí. No temáis. Siempre nos quedará Robert Smith.
Algunas veces, mientras voy en el coche de copiloto y miro afuera a través de la ventanilla, me da por inventarme (porque no es otra cosa) los problemas de la gente. Vacilo acerca de las paranoias de cada personita andante y adivino cuáles pueden ser sus preocupaciones. La gente limpia los coches. La gente limpia... qué sé yo, las casas, los suelos, la ropa. Pero me pregunto quién limpiará la suciedad que poco a poco se adhiere a los sesos y se queda fijada aparentemente para siempre. Me pregunto qué será de nuestros sesos al morir, el interior de nuestra materia física, el cruce entre lo humano y lo extraterrestre. Todo está en nuestros sesos. Algo tan extraño que sólo funciona por electricidad, y sin embargo no nos electrocutamos. Al menos, no como estamos acostumbrados a ver. No somos más que un intento de una especie mejor.
No creo en los finales felices, simplemente porque no creo en los finales.
jueves, 2 de febrero de 2012
Un paso más
Hoy es de esos días en los que tu cerebro va más rápido de lo que tu mente puede procesar. Las ideas se escapan todo el tiempo, qué fastidio. Me dan ganas de parar el pensamiento por un momento, apuntar las barbaridades que se me pasan por la cabeza llena de electricidad, y darle al play de nuevo. Pero me temo que eso es imposible a día de hoy.
Creo que lo que estoy viviendo es un momento de inflexión en mi vida. ¿Cómo saberlo? Muy fácil. Cuando todo va mucho mejor contigo misma. Ahí está el punto de inflexión, ¿no lo ves? Pues te aseguro yo que sí, que es ese momento.
A veces mientras escribo esto se me escapa una sonrisa minúscula que me provoca risa de lo absurdo de la situación, por lo que sonrió más, y al final terminó enseñándole los dientes al aire y entonces sí que parezco gilipollas. Así estoy ahora mismo.
El momento de inflexión tan ansiado que mi vida necesitaba ha llegado hace poco. No sé exactamente hace cuánto, pero se ha instalado en los últimos días, mientras en mi habitación se concentraba el olor a Red Bull y montañas de ropa aromatizada (esto es, olor a tabaco). Me he dado cuenta porque mi percepción del mundo ha cambiado radicalmente. Para empezar, tengo más fuerza de voluntad, lo cual me preocupaba mucho. No era normal ser una persona tan vaga conmigo misma. Eso se terminó.
También me he dado cuenta de que me importan un comino un montón de cosas que antes tenían una relevancia enorme en mi vida. Ahora es como si hubiera estado bajo los efectos LSD (con la diferencia de que nunca pasó tal cosa) y mis problemas, tan grandes y gigantes, se hubieran desvanecido ... PUM! Ya está. Se fueron más rápido de lo que habían venido. Simplemente porque es imposible que exista una velocidad mayor a la que puedan ir las cosas que la velocidad a la que se fueron mis rayadas paranoicas.
Me inundan buenos pensamientos, me llenan desde las pestañas hasta los dedos de los pies, en mi cuerpo no cabe ningún sentimiento parecido al desagrado o al disgusto. Me vienen a la cabeza las cosas buenas que están por venir y no me queda otra que sentirme muy complacida con la forma en la que la vida me está tratando este invierno. Bendito sea.
Una vez más, reivindico que las cosas hay que provocarlas. Esta muy bien eso que dicen de "no lo busques, porque entonces no lo encontraras". Y un carajo. Qué me cuentas... vale que no es igual de aplicable a todas las cosas (el amor de tu vida es imposible encontrarlo si lo buscas, por ejemplo, y una caja de cerillas no tiene mayor complicación para ser encontrada). Pero está claro que, en general, los objetivos te los marcas tú y tienes que cumplirlos tú. La suerte no se va a encargar de hacer el trabajo sucio por ti, de eso puedes estar seguro. Así que lo que quieras hacer, hazlo. Ni se te ocurra esperar ninguna señal divina porque no llegará. De hecho, nunca llega.
Y aquí estoy, a 11 horas de tener el segundo examen del semestre. Sin haberme duchado, sin haber repasado, sin haber tranquilizado a mis nervios, que últimamente están bastantes tranquilitos, todo hay que decirlo. Escuchando una preciosidad de canción que me eleva el espíritu hasta las mismísimas nubes.
Sólo quiero que las próximas dos semanas se pasen muy, muy rápido, para poder empezar a hacer lo que mis tripas me piden a gritos. El próximo febrero no será como todos los febreros de mi ya más larga vida.
Yo soy la niña de las listas. Para todo hago listas. Me da miedo no acordarme de algo. Y la lista que estoy preparando es descomunalmente grande, pero no infinita... Así que debe hacerse todo. Desde ir a misa evangélica hasta tatuarme.
viernes, 20 de enero de 2012
En el agua
Hoy me siento como en uno de esos días en los que la mierda se te acumula hasta el cuello, pero en realidad no sabes qué clase de mierda es. Me explico: es cuando te sientes mal contigo misma y con el mundo en general, pero no sabes por qué y cuando reflexionas y buscas una causa, te das cuenta de que tal causa no existe y nunca ha existido. Pero estás tan mal...
Hoy es uno de esos días en los que con facilidad pasmosa podría arrancarme las tripas con las manos, desgarrarme por dentro, acabar con mi estado físico. Me gustaría poder romper algo grande y aparatoso, que hiciera mucho, mucho ruido al romperse.
Estos cambios de humor que algunas noches (en las cuales sé con resignación que me toca no dormir) experimento me hacen pararme y preguntarme: "¿acaso es que sigo siendo una tierna adolescente de 15 años?". Y la respuesta que se agolpa en mi pequeño y torturado cerebro es siempre "no". Eso es lo peor de todo. Que cuanto más creces como persona y ente físico, más malos ratos están por venir. Claro que luego se compensan con los buenos, que también cada vez son mejores. Pero qué putada.
Sin problema me enterraría entre las sábanas de mi cama, rápidamente huiría del mundo y del ruido, y, sobre todo, de la realidad y del tiempo.
¿Por qué los cambios grandes/gigantes y hermosos tardan tanto en producirse? ¿Por qué los malos están siempre al acecho? ¿Qué hay que hacer para escapar? Nadie responde. Genial.
Quiero desaparecer esta noche. Quiero convertirme en cualquier otro ser u objeto. Quiero dejar de ser un pestoso ser humano lleno de incertidumbres y miedos. Vivir no es fácil.
Intentado y fallido. Mañana, o quizás pasado, será otro día. Siempre en el agua...
lunes, 9 de enero de 2012
Un día más
Hoy me siento especialmente diferente. Ha sido el primer día de clase después de unos cuantos días sin tener que levantarse temprano, ni quitarse el pijama muerta de frío, ni ponerme los zapatos antes de las 10 y salir de casa.
Pero es que hoy, de verdad que me siento diferente. Agresiva podría atreverme a decir. Agredida, también. El ser humano es lo más chocante que la naturaleza creó. Podemos ser increíblemente bellos, y terriblemente malvados.
El mundo cada vez está peor y cada vez que pienso en ello, me entra un miedo que me paraliza la sangre y me congela la saliva. Esto se está poniendo feo de verdad. No espero vivir una larga vida ni mucho menos. Antes nos autodestruiremos todos juntitos, como necios gilipollas que somos. Pánico. No quiero que ese día llegue, y descubrir que lo que conocíamos como "la civilización" no es más que materia viva mutante que evoluciona hacia la monstruosidad menos humana posible. Nos ha tocado vivir en un mundo que tiene igual número de cosas feas que de bonitas.
Y puede ser que por pensar sobre esta mierda me haya hecho sentirme distinta al resto de días. Porque por otra parte me siento tan llenísima de vida que a veces creo que lo que pienso en negativo se tiene que equilibrar inmediatamente o terminaría por deprimirme de la estupidez que nos rodea a todos. Hoy me he comprado un pendiente que hacía años (6 años, sin ir más lejos) deseaba tener. Hoy me he tomado un café por la calle al estilo americano con Candy, hoy he sentido ese magnífico bienestar cuando te duele la garganta y algo calentito te la recorre de principio a fin, hoy he descubierto nuevas y pequeñas cositas sobre mí misma que no sabía, hoy he estrenado unos botines que me traen loca, hoy mis ojos han chocado con otros, los más bonitos que había visto desde hacía mucho tiempo, hoy he ido a comprar una barrita metálica (para un corto que tenemos que hacer) y me han preguntado si es que esnifo, y he mirado a Candy y hemos dicho sí, lo cual es muy, muy gracioso: jamás me meteré mierda similar, pero me he sorprendido al sentirme cómoda y conforme con la respuesta, hoy he hablado más que de costumbre con mamá, hoy ha sido un buen día.
Miedo y alegría van de la mano. Sólo espero vivir todo lo que tengo pensado.
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